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Cómo hacer zancadas con mancuernas con una buena técnica

Las zancadas con mancuernas trabajan las piernas y exigen que el core y las caderas te mantengan estable. Empieza sin peso, aprende el movimiento y añade carga poco a poco.

Prepárate antes de la primera repetición

Ponte de pie, erguido, con los pies separados aproximadamente a la anchura de las caderas y una mancuerna en cada mano. Deja que los brazos cuelguen a los lados, mantén el pecho elevado de forma natural y mira al frente. Activa la zona media como si te prepararas para recibir un empujón suave.

Elige unas mancuernas que puedas controlar sin apretarlas en exceso, inclinarte hacia un lado ni precipitarte. Si el movimiento es nuevo para ti, practica primero con tu peso corporal. Deja suficiente espacio libre a tu alrededor y usa un calzado que te proporcione estabilidad.

Da el paso y baja con control

Da un paso hacia delante lo bastante largo como para poder bajar sin levantar el talón delantero. Flexiona ambas rodillas y deja que el cuerpo descienda en lugar de inclinarte hacia delante. La rodilla delantera debe seguir la misma dirección general que los dedos del pie.

Baja solo hasta donde puedas mantener el equilibrio y ambos pies bien apoyados. La rodilla trasera puede acercarse al suelo, pero no es necesario que lo toque. Mantén las mancuernas quietas junto a las piernas en lugar de usarlas para generar impulso.

Sube y repite

Empuja con toda la planta del pie delantero para subir y, después, da un paso atrás para volver a la posición inicial. Termina en posición erguida antes de comenzar la siguiente repetición. Puedes alternar las piernas o completar las repeticiones que hayas elegido con un lado antes de cambiar.

Muévete a un ritmo que te permita hacer cada repetición de forma similar a la anterior. Inhala al bajar y exhala al subir si te resulta natural. El número adecuado de repeticiones y series depende de tu experiencia, tu plan de entrenamiento y el peso elegido.

Adapta el movimiento a ti

Para ganar estabilidad, usa una sola mancuerna y mantén la mano libre cerca de un apoyo firme, o practica una sentadilla búlgara sin juntar los pies entre repeticiones. Acortar el recorrido también puede facilitar el control del ejercicio. Aumenta la profundidad o el peso solo cuando puedas mantener el equilibrio y una técnica estable.

Entre las señales habituales de que la carga es demasiado exigente se incluyen tambalearse, impulsarse con el pie trasero, acortar el paso o perder la postura erguida. Detente si notas un dolor agudo, mareo o una pérdida de control inusual. Descansa antes de volver a intentarlo y elige un peso más ligero o una variante más sencilla cuando sea necesario.

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